El terremoto de 1970 gatilló una letal avalancha que sepultó completamente a la antigua Yungay, ciudad del Callejón de Huaylas reconocida por su hermosura paisajística y arquitectónica. Durante los años posteriores, los esfuerzos por refundar la ciudad pusieron énfasis en la recuperación de la Plaza de Armas, considerada por los sobrevivientes que llegan a ser las nuevas autoridades políticas municipales un espacio neurálgico para la articulación de la nueva urbe.
En sus esfuerzos de refundar la ciudad, los sobrevivientes implementaron estrategias que representaban una continuidad histórica de la tradición urbanizante colonial en su expansión de una amplia red urbana y política, mientras suprimían articulaciones alternativas de la ciudad propuestas por el estado central y los nuevos grupos migratorios provenientes de zonas rurales, parte importante de la población urbana actual. Sin embargo, lo que inicialmente comienza como un esfuerzo por replicar las características y belleza de la antigua plaza sepultada, termina en frustración ante la imposibilidad de recuperar aquel pasado idealizado por sus sobrevivientes, viéndose la nueva plaza opacada por el recuerdo de un tiempo perdido e inalcanzable y ya cumpliendo funciones distintas.
Este artículo explora la historia y transformaciones de la Plaza de Armas de Yungay, junto a su relevancia para articular los diferentes proyectos urbanos de la ciudad a lo largo de su historia bajo diferentes sistemas políticos, y según la cosmovisión de grupos sociales específicos. Para ello, se centra en los períodos de modernización de la plaza desde fines del siglo XIX en adelante, la destrucción de la ciudad y los primeros años de reconstrucción, y finalmente las décadas posteriores al desastre hasta la actualidad. Basado en un trabajo antropológico intergeneracional en torno a entrevistas, observación participante y análisis de diversos documentos, el capítulo se sustenta en la noción de paisaje de Ingold y el concepto de ensamblajes urbanos de Farías y Blok que, sustentado en la noción de cosmopolítica de Stengers, considera a la ciudad como un entramado en donde múltiples proyectos urbanos se articulan, entrelazan, y entran en disputa, dando cuenta de las continuidades y rupturas dejada por el evento de 1970. La plaza, bajo esta mirada, sería un dispositivo y escenario para la formación de estos diversos – y a veces conflictivos – “mundos en común”, permitiendo la perpetuación de antiguos ordenes coloniales, pero siendo también escenario e impulsor de nuevos proyectos de urbanidad.
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We arrive at a deeper understanding of history when we pay attention to the feelings and emotions that survivors share with us